Buscar este blog

domingo, 20 de diciembre de 2015

Cuando voy a la escuela / Un documental colectivo


Cuando voy a la escuela


Sinopsis

Esta historia recoge el breve espacio en la cotidianidad de seis niños, cuando van a la escuela. Los deseos de aprender en medio de las montañas antioqueñas, su amor a la naturaleza y el esfuerzo de los docentes por acompañarlos en sus procesos formativos. Los caminos, los amigos y su hogar forman parte en el diario vivir de éstos pequeños protagonistas en un día cualquiera de sus vidas.

Duración: 58 minutos - 2012
CUANDO VOY A LA ESCUELA - Un documental colectivo. El proceso de realización de este documental comenzó en abril del año 2011, desde esta fecha, los grupos de jóvenes de San Francisco, Argelia, Apartadó y Dabeiba, dieron inicio a las jornadas de grabación de la cotidianidad de 6 niños y niñas en las escuelas rurales. A principios de este año los jóvenes realizaron la visualización del material documentado y comenzaron el proceso de montaje. El resultado es este documental de 60 minutos que fue estrenado el 9 y 10 de agosto de 2012 en las veredas El Zancudo y El Oro, del municipio de Argelia. Las proyecciones de estreno en Medellín, con la presencia de los jóvenes realizadores, fueron en el marco de la 3ra muestra de video comunitario LA IMAGEN DE LA MEMORIA, el viernes 14 y el sábado 15 de septiembre.


Enséñame pero bonito, es un documental que muestra diferentes experiencias educativas alternativas al modelo tradicional de aprendizaje. Pretende visibilizar y abrir un debate sobre los principales métodos de enseñanza actuales en nuestro país. Es nuestra aportación para trabajar por una renovación pedagógica y un futuro mejor.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

EDUCACIÓN

MAESTRO, fundamental para la Transformación Educativa



Maria Teresa Quiroz, doctora en ciencias de la comunicación, nos dice que la gran transformación educativa se da en las aulas de clase y son los maestros los encargados de orientar a los alumnos teniendo en cuenta su verdadera labor de crear  vínculos interactivos con ellos.
Además,  nos recuerda una frase del fallecido educador y fundador del colegio Los Reyes Rojos, Constantino Carvallo: "la responsabilidad de la escuela es el cuidado del alma".
María Teresa reafirma esta idea y la complementa diciendo "esa responsabilidad es el cuidado del alma de cada niño, de cada adolescente  y no pretender que la educación la homogenice". Por esta razón manifiesta que cada niño es un buscador de su camino y el educador debe acompañarlo en ese proceso.
Finalmente, nos deja como mensaje que no se va a lograr un aula interactiva si no se logra una concepción interactiva.

Cortesía: Comunicador.

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Cómo afectan los hemisferios del cerebro el aprendizaje?


Un pedagogo de la Unesco asegura que las emociones son necesarias para el desarrollo del intelecto y del pensamiento racional. La emoción (hemisferio derecho) hace posible la razón (hemisferio izquierdo).
Una relación entre el intelecto y la emoción fue establecida por la Unesco y el pedagogo y filósofo francés Edgar Morin en el libro 'Los 7 saberes necesarios para la educación del futuro'.

A menudo se sostiene que para poder pensar “con cabeza fría” se debe dejar a un lado las emociones y los sentimientos; que no es bueno pensar “con el corazón”. Esta afirmación, sin embargo, no tiene sustento científico.

El cerebro humano se divide en dos hemisferios: derecho e izquierdo. El primero gobierna todo lo relacionado con la reflexión: controla la imaginación, la creatividad y la intuición. El segundo, por su parte, es responsable de la razón o la lógica: incluye el lenguaje y el cúmulo del conocimiento. El hemisferio izquierdo es lineal, lo que quiere decir que no es capaz de prever e imaginar, mientras el derecho sí. Sin la imaginación, dice el pedagogo, no podrían los alumnos elaborar ideas –o procesar el conocimiento que reciben– ni un científico un experimento o un método de comprobación científica.

Según el profesor Morin, la parte afectiva-emocional que rige nuestro hemisferio derecho da origen a la curiosidad, al interés, a la capacidad para conmoverse ante algo y por ello hace posible el razonamiento lógico (acción propia del hemisferio izquierdo). La lógica, por su parte, permite hacer aprehensión de los conceptos, es decir, “la captación y aceptación subjetiva de los contenidos”.

El filósofo de la Unesco señala que “existe una relación estrecha entre la inteligencia y la afectividad: la facultad de razonamiento puede ser disminuida y hasta destruida por un déficit de emoción”. Y añade que la “debilidad para reaccionar emocionalmente puede llegar a ser la causa de comportamientos irracionales”.

Es el caso de la madre que, sin sentir amor por su hijo, incurre en la negligencia de no alimentarlo o cuidarlo debidamente (comportamiento irracional). Asimismo lo sería la incapacidad para conmoverse o sentir curiosidad frente al objeto de estudio de un trabajo académico: no hacer una investigación exhaustiva podría llevar a un desempeño mediocre o no conforme a los requisitos de una tesis de grado.

La capacidad del ser humano de sentir amor hacia alguien o algo estimula la curiosidad y el ejercicio del intelecto. “Así pues, no hay un estado superior de la razón que domine la emoción sino un bucle intelecto-afecto”, explica Morin.

¿Podría esto incidir en la política educativa? Al estudio de la Unesco se suma otro del japonés Tadanobu Tsunoda, del Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad Médica y Odontológica de Tokio. En este se explica la relación de los hemisferios cerebrales con la adquisición del conocimiento lingüístico, específicamente con el aprendizaje de nuestra lengua materna. Cada lengua natal (la cual representa una cultura) fortalece –según Tsunoda– uno u otro hemisferio: la ciencia/razón (izquierdo) o el arte/emoción (derecho).

La ‘educación bancaria’

La expresión ‘educación bancaria’ fue formulada por el también reconocido pedagogo y filósofo Paulo Freire en su ‘Pedagogía del Oprimido’ y la utilizó para criticar a la educación que consiste en el cúmulo del conocimiento (hemisferio izquierdo) sin una reflexión crítica (hemisferio derecho) de los contenidos educativos. Algunas de sus teorías fueron posteriormente acogidas por la Unesco, que –como Freire– considera la educación como una herramienta de transformación social.

En entrevista con el diario El Espectador, el filósofo y literato italiano de la Universidad de Calabria (Italia), Nuccio Ordine, aseguró que “el profesor que no enseña con pasión comete un crimen”. Según el académico –que también está en contra de la mercantilización de la educación– “el docente se ha convertido en un burócrata y el alumno en un cliente”. Apostarle a la reflexión que la filosofía y la literatura producen constituye –según él– la pieza fundamental del enriquecimiento cultural y humanista de cualquier nación: “Quien lee a Shakespeare o a Cervantes no lee un autor o una nacionalidad: lee un contexto, un universo, y se hace universal. Cuando leí ‘Cien años de soledad’, no sólo entendí quiénes eran los colombianos sino también los latinoamericanos”, indicó.

En este sentido, sería distinto memorizar las principales obras de literatura de un país y sus autores, que enseñar a controvertir lo que se lee, es decir, a reflexionar sobre ello desde distintos puntos de vista (político, económico, social, etcétera). Hacer esto implicaría que el alumno estaría en capacidad de comprender su historia y, por lo mismo, de transformar la realidad en que vive, según los también reconocidos académicos y críticos culturales Henry Giroux (Estados Unidos) y Paulo Freire (Brasil).

Según Ordine, ante una educación centrada casi exclusivamente en el fomento del conocimiento (hemisferio izquierdo) y poco en la creatividad y la reflexión (hemisferio derecho), los valores culturales de una sociedad podrían verse menoscabados.

El Manual de Iniciación Pedagógica al Pensamiento Complejo, realizado por el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (ICFES) en colaboración con docentes del departamento de filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana, desarrolla ‘Los 7 saberes para la educación del futuro’ de Edgar Morin, y señala la urgencia de una pedagogía crítica.

viernes, 4 de septiembre de 2015

El valor educativo del reciclaje

José Luis Gallego

Hemos hablado aquí en varias ocasiones de la excelente oportunidad que supone separar los residuos en casa para depositarlos después en su contenedor correspondiente. Una oportunidad de ayudar al medio ambiente, de ejercer la ciudadanía responsable y de contribuir a la economía verde: esa que permite generar puestos de empleo ayudando al planeta.

Pero déjenme que les hable de otro aspecto muy oportuno del reciclaje: su valor educativo.

Uno, que lleva en esto de la divulgación ambiental casi tres décadas, ha intentado desde siempre vincular al público con el cuidado y la mejora del medio ambiente a través de propuestas de participación concretas, próximas, cotidianas: ahorra agua, apaga la luz, coge el metro.

Está muy bien eso de ir a parar arpones balleneros con el pecho subido a bordo de una lancha de Greenpeace, por eso decidí hacerme socio de ésta y de otras organizaciones ecologistas en los años ochenta. Pero no lo duden: tiene el mismo valor (sino más) actuar a favor del planeta en el día a día desde casa, el trabajo o la escuela. Con pequeños gestos, ésos actos en apariencia humildes pero cuya suma permite alcanzar grandes objetivos. Y uno de dichos gestos, acaso el más poderoso, es el de separar para reciclar…

No voy a volver a hablar de la importancia del reciclar, como no voy a dedicar ni una línea más a defender que el cambio climático es un hecho. Es algo que ya nadie puede poner en duda. Pero si que quiero destacar aquí el alto valor educativo de ese gesto.

Hace casi 20 años, mucho antes de que los contenedores de recogida selectiva pasaran a formar parte de manera generalizada del equipamiento urbano de nuestras ciudades, publiqué un artículo en el que destacaba la oportunidad ecológica y también económica de recuperar los materiales de nuestros envases y embalajes a través de la recogida selectiva, de esa manera –decía al final del texto- “educaremos a los pequeños en una tarea que ya es un hábito para muchos ciudadanos europeos”.

Y es desde esa experiencia acumulada desde la que quiero insistir en que reciclar es educar. Como lo es respetar las señales de tránsito, ser generoso con los necesitados, considerado con nuestros mayores y observar el resto de normas de civismo y urbanidad en las que se basa nuestra sociedad. Un importante aspecto que debe ser tenido en cuenta a la hora de valorar el modelo de recogida selectiva del que nos hemos dotado la inmensa mayoría de los ciudadanos europeos. Un modelo basado en la participación social y la transmisión de valores.

Cuando acudimos a los contenedores para depositar nuestros residuos de manera ordenada estamos realizando un acto de civismo, de responsabilidad ciudadana, de respeto al medio ambiente.

Por eso me preocupa que haya quien ignore ese valor y critique el modelo sin atender a lo mucho que hemos conseguido avanzar en educación ambiental gracias a él. Por encima de los resultados que hemos ido obteniendo entre todos y gracias a todos, mucho más allá de las toneladas que estamos reciclando y de estar cumpliendo con los objetivos comunitarios: cada vez que separamos un envase en el hogar para echarlo a su contenedor correspondiente estamos adquiriendo y transmitiendo cultura, y eso –perdón por la insistencia- también es importante, muy importante me atrevo a señalar.


A lo largo de todo este tiempo he dedicado varios libros, centenares de artículos, numerosos programas de televisión y muchas horas de radio a promover el reciclaje. Estoy orgulloso del resultado obtenido gracias a la colaboración de todos y convencido de que vamos a seguir mejorando. Pero sobre todo estoy orgulloso de haber contribuido a que el amarillo, el verde y el azul se hayan convertido en algo más que tres contenedores de residuos: en una excelente herramienta de educación ambiental a la que, desde la familia o la escuela, muchos recurren para educar a los más jóvenes en el respeto al medio ambiente.

Cortesías: La Vanguardia.